Cuento muy difícil de conseguir, publicado en los años sesenta, de la mini colección Didum, una publicación que se edito solo una edición y se dejo de publicar en el numero cuatro, las razones posiblemente no tuvo la aceptación o las ventas deseadas en esa época, posiblemente es lo que la hace especial para coleccionista de cuentos e ilustraciones.
Ilustraciones: Vicario
Textos: María Luisa
Colección DIDUM
Editado por SEMIC ESPAÑOLA DE EDICIONES, S. A.
TÍTULOS PUBLICADOS:
Precio: 6 pesetas (tipicas del año 1968)
LA HISTORIA DEL CUENTO
Didum había llegado a París y acudió al teatro para admirar al famoso prestidigitador Gran Totó. A la salida y cuando se disponía a subir a su avioneta, halló en el suelo una varita.
- Es la que usaba el Gran Totó, seguramente la ha perdido y sin ella no podrá
trabajar. Iré a su ho-tel a devolvérsela - pensó Didum.
Entró con su pequeña
avioneta por la ventana de la habitación donde el artista dormía pro-fundamente.
De pronto, desde el fondo del som-brero, Didum oyó una tenue vocecilla.
- Si me das con la varita tendrás una sorpresa - decía.
Luego echaron a
correr hacia las escaleras y comenzaron a bajar los peldaños de dos en dos.
-¡Nos vamos de aquí! ¡Adiós y hasta nunca!
-le gritaron.
-Aguardad, no podéis iros de ese modo. Yo os he puesto en libertad y soy el
responsable ¿Qué va a pensar de mí el Gran Totó? Sin vosotros no podrá trabajar
suplicó Didum apenado. Pero los dos conejitos no quisieron escucharle y
continuaron corriendo y saltando hacia la puerta de sali-da. Antes de que Didum
tuviera tiempo de alcanzarles ya se habían perdido de vista.
-Venid conmigo -
dijo Didum, y en un vuelo los llevó de nuevo al hotel. El Gran Totó se sintió
muy feliz de volver a ver a sus compa-ñeros y los dos conejitos le contaron la
razón que habían tenido para intentar la fuga.
-Pues desde hoy todo será distinto prometió él.
Y aquella tarde los invitó a todos a una estupenda merienda cam-pestre,
pues gracias a Didum ha-bía recuperado su varita y a sus amigos.
- Comprendo que vuestra vida es demasiado aburrida. Cada fin de semana saldremos al campo para que podáis correr y dis-frutar del aire puro -prometió Totó a los conejitos, y ellos que-daron contentos, pues en el mun-do habían muchas cosas bonitas que jamás habían visto.






